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Sonrisas y lágrimas y la liga del Barça


POR JESÚS MANJÓN IBÁÑEZ

Tras el pitido final en el Camp Nou, el Barca se proclamaba campeón de Liga, mientras, los vallisoletanos iniciaban un nuevo periplo por la categoría de Plata. La gloria y la tragedia tan cerca, y a la vez, tan lejos. A un lado del césped, los culés saltando y disfrutando de su titulo, al otro, los jugadores del Valladolid con los ojos llorosos y la mirada perdida. Como dijo un famoso entrenador: “el futbol es así”, y más ayer. El equipo pucelano no es el único que sufrió esta decepción en sus carnes. El Tenerife no pudo ganar al Valencia suplente y consumó su descenso. Un equipo que por futbol y afición no merece este fracaso, pero pagó el pato por su inexperiencia e inocencia. El tercero en cuestión: el Xerez, comenzó la temporada muy mal, hasta que llegó Gorosito y cambio el panorama hasta casi lograr una salvación que parecía una utopía hace tres meses. El milagro no se dio, pero han luchado hasta el final. Les faltaron dos goles: uno del Madrid y otro suyo, no pudo ser.

Ahora vamos a las sonrisas. Ayer abarrotaban Málaga, Santander y, como no, Barcelona. Los malagueños lograron un punto de oro, sufriendo como no podía ser de otra forma. A pesar de la salvación, hubo gritos contra Muñiz de gran parte del campo…el balón en el tejado de Fernando Sanz, él decidirá. En el Norte, el Racing también consiguió permanecer una temporada más en la Liga de las Estrellas gracias a un Sporting que se fue a dar un paseo y, más que nada, por cumplir. Curiosamente, después de celebrar la salvación, la hinchada racinguista cargó contra el palco.

Estas alegrías se elevan a la máxima potencia cuando hablamos del Barca. El milagro Clemente duró diez minutos, después la evidencia (4-0). Son los justos campeones, el mejor equipo del mundo ganó su segunda liga consecutiva y con record de puntos, Messi pichichi y bota de oro, y, por si fuera poco, Valdés zamora. A pesar de estos éxitos, el barcelonismo tiene la espina de la Champions clavada, otro año será. El subcampeón (Real Madrid) termina una etapa de dos años consecutivos sin ganar ningún título y comienza una nueva, otra más, con muchas altas y bajas. Pellegrini no convence y Mourinho gusta, ya veremos…
Así acabó una liga apasionante, en la que se decidió la liga y el descenso en la última jornada. Fue tarde de transistores, de emociones fuertes no aptas para cardiacos, de pasión futbolística y, en definitiva, fue el colofón perfecto a una liga caracterizada por la excesiva bipolaridad ejercida por los dos gigantes del futbol español: Madrid y Barcelona, y que al final ganó el mejor. Fin.
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¡Qué manera de sentir!...desde el pensar de un merengue


POR ALEX BARBERO

El Atléti ha vuelto a ser grande. Ya era grande en el corazón de miles de aficionados colchoneros, pero ahora lo es para el resto de mortales. Una temporada que empezaba siendo un fiasco se ha acabado por convertir en la mejor que recuerdan las mentes rojiblancas desde aquel gol de Pantic al Barça y la victoria en el Calderón ante el Albacete.

Miles de lágrimas vertidas al suelo, muchas esperanzas truncadas cada año, rabia contenida a modo de injurias dichas entre dientes, deseos no cumplidos, profecías fallidas como la de “este año sí”, y sobretodo muchos sueños no cumplidos. Hasta hoy.

Por eso, el título que acredita al Atlético de Madrid como mejor equipo de la Europa League, es para los aficionados más que para nadie. Aquellos aficionados que han sabido llorar, sobreponerse, reír, saltar, gritar. Aquellos que cada domingo aguantaban las burlas de sus compañeros, que sufrían más que nadie los partidos y a los que las duras decepciones tiraban al suelo, pero sólo conseguían que se levantaran más fuertes.
Así ha pasado. Un equipo impulsado por 12.000 gargantas, que más bien parecían 2 millones se impuso con justicia al Fulham. Eso sí, con dosis gratuita de suspense. Un suspense propio del Atleti.

Forlán era el reflejo de la rabia contenida. Una rabia que soltaron al unísono millones de personas y que despertó del largo letargo a Neptuno. Un Neptuno que pudo sonreír al ser vestido con la bufanda rojiblanca.
La celebración fue más que eso, fue la comunión perfecta entre equipo y afición. Una afición cuya sangre también tiene tintes blancos y que en su corazón alberga todos los sentimientos que identifican al equipo. Un sentimiento de grandeza aún sin ganar nada.

Sabina lo plasmó a la perfección. Un sentimiento que no se puede explicar. Sólo se tiene. No es por dinero, ni por jugadores, ni siquiera por títulos ni número de aficionados. El Atleti no necesita eso para ser grande. Solo con el grito de Aupa Atleti en los peores momentos hace ver que es más que un equipo de fútbol. Es una familia.

Los jugadores saben que en ningún lugar van a celebrar algo con tanto entusiasmo como en el Manzanares. Hasta Quique ha afirmado que nunca había sentido algo así. El gran culpable, un hombre que hasta ahora era madridista, se ha tornado más hacía el rival madrileño.

En fin, la historia del pupas se ha caído por su propio peso ya que los indios han sido el mejor equipo español del año. Han sufrido, pero todavía puede seguir la celebración ya que están con opciones de lograr otro doblete. Quién lo hubiera dicho en octubre… Que disfruten, que se lo merecen más que nadie ya que el año que viene, como todos saben, volverán a pasarlo mal con su Atleti. Porque como dijo Don Agustín Lafuente, que en paz descanse, el Atleti mata y da la vida. Seguro que él también lo ha celebrado como uno más.
Qué manera de subir y bajar de las nubes…
De un merengue
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